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Salta: ya son 15 los niños que mueren por el “VIRUS del Hambre”

Ayer murió otro niño wichí por desnutrición y su hermana está internada de gravedad. Oriundos los dos de la comunidad Vertientes Chicas, localizada a 35 kilómetros de Santa Victoria Este, donde las comunidades cuentan con un sólo tanque de agua que funciona con combustible. Cuando no hay nafta, no hay agua; cuando se rompe el motor, tampoco. Y donde, según informó el secretario de Obras Públicas de Santa Victoria Este Pedro Lozano a un medio local, no reciben bolsones alimentarios de Desarrollo Social.

Hoy falleció una niña de la comunidad La Paz, también en el norte. La bronca crece. Son 15 niños y niñas que mueren por desnutrición en el norte de la provincia, las más afectadas son de las comunidades originarias; 14 de esos niños pertenecían a ellas. Estas muertes son evitables porque se relacionan con las políticas de un Estado racista que no garantiza los derechos de las comunidades como el acceso al agua potable y el territorio, la salud, y la educación intercultural bilingüe, gobierne quien gobierne.

Las medidas urgentes que necesitan las comunidades originarias de toda la provincia ya eran evidentes antes de la pandemia que afecta actualmente a todo el mundo. Sin embargo, esta situación pone de manifiesto aún más la imposibilidad de las comunidades de acceder a derechos básicos, como lo son el agua potable y la salud.

Mientras una de las medidas que recomiendan desde los ministerios de Salud es lavarse las manos con agua y jabón, esto es algo imposible para una gran parte de la población argentina. 9 millones no acceden al agua potable.

Con urgencia el Gobierno de Alberto Fernández y el de Gustavo Sáenz deben garantizar el acceso al agua potable para estos niños y niñas que mueren cada día en la provincia por desnutrición. El presupuesto de salud debe incrementarse, y esto es posible por ejemplo desconociendo la deuda ilegal, ilegítima y fraudulenta con el FMI, o aplicando impuestos progresivos a las grandes patronales del campo y la minería.

Se necesita mayor número de camas, ambulancias, respiradores y personal sanitario para poder garantizar el derecho a la salud de manera universal y que el sistema público y privado se unifiquen, empezando a funcionar de manera centralizada y bajo control de trabajadores de la salud.

(Fuente:L.I.D)

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